viernes, 27 de junio de 2008

CARTA DE DESPEDIDA


Queridos todos: me voy.Volveré cuando sepais dónde estan guardadas las bolas de naftalina, cuando nuestra casa ya no tenga secretos para ninguno de vosostros, cuando seais capaces de descifrar los códigos de los botones de la lavadora, cuando logreis reprimir el impulso de llamarme a gritos si se acaba la pasta de dientes o el papel higienico. Volveré cuando esteis dispuestos a llevar conmigo la corona de reina de la casa. Cuando no me necesiteis más que para compartir. Ya se que me echareis de menos, estoy segura.También yo a vosotros, pero sólo desapareciendo podré rellenar los huecos que vuestro cariño me produce.

Sólo podré estar segura de que verdaderamente me quereis cuando no tengais necesidad de mí para comer o para vestiros o para lavaros o para encontrar las tijeras. Ya no quiero ser la reina de la casa, estoy harta, me he cansado de tan gran responsabilidad y he caído en la cuenta de que si sigo jugando el papel de madre súper no lograré inculcaros más que una mentalidad de súbditos. Y yo os quiero libres y moderadamente suficientes y autónomos. Ya sé que vuestro comportamiento conmigo no es más que un dejarse llevar por la rutina; también por eso quiero poner tierra por medio. Si me quedo, seguiré poniendoos todo al alcance de la mano, jugando mi papel de omnipresente para que me queráis más. Sí, para que me querais más.

Me he dado cuenta de que todo lo que hago es para que me queráis más y eso me parece tan peligroso para vosotros como para mí. Es una trampa para todos. Palabra de honor que no me voy por cansancio, aunque sea una lata dormirse todas las noches pensando en la comida del día siguiente y hacer la compra a salto de mata cuando vienes del trabajo y, a la larga, pesa mucho la manía de ver siempre un velo de polvo en los muebles cuando me siento un rato en el sofá, y la perenne atracción hacia la bayeta y la cera. Pero no es sólo por eso. No.

Tampoco me voy porque esté harta de poner la lavadora mientras me desabrocho el abrigo ni porque quiera estar más libre para hacer carrera en mi trabajo. Hace ya mucho tiempo que tuve que elegir una perpetua interinidad en mi profesión porque no podía compatibilizar una mayor dedicación mental al trabajo profesional con la lista de la compra.

Me voy para enseñaros a compartir, pero sobre todo para ver si aprendo a delegar. Porque si lo consigo, no volveré nunca más a sentirme culpable cuando no saquéis notas brillantes o cuando se quemen las lentejas o cuando alguno no tenga camisa planchada que ponerse. La culpa de que sea imprescindible es sólo mía así que desapareciendo por unos días os daréis cuenta de que la monarquía doméstica es facilmente derrocable y quizá yo pueda aprender la humildad necesaria para ser, cuando vuelva, una más entre la la plebe. Cuando encontreis la naftalina no dejeis de avisarme.

Seguro que para entonces yo también habré aprendido a no ser tan buena. Puede ser que ese día no nos queramos más, pero seguro que nos querremos mejor.

Besos Un ser humano

MAMA

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